CAPÍTULO 1: "Voltaire"
Kouta se quedó encandilado con el renovado sonido del reloj de péndulo. Se marcaba una nueva hora sin motivo aparente, y alguien tocaba a la puerta. El joven, sin entender por qué la cajita de música "Lilium" había dejado de pronto de tocar con el canto del reloj, pensó unos instantes y luego volvió a la marcha en dirección a la puerta. La sombra de una mujer se silueteaba sobre la pantalla del portón del restaurante japonés, y por alguna razón, el chico se puso a pensar en la forma alocada en que aquella doncella de cuernos había tratado tenazmente de arreglar ese dispositivo horario. Se sonrió ligeramente, aunque con un gesto de dolor, cuando los recuerdos surcaron su mente en un flash monocromático. Y del otro lado de la puerta, la silueta oscura comenzó a moverse, girando sobre sí como para marcharse, lo cual apresuró el paso de Kouta, quien dijo:
- ¡Ya voy, ya voy!
Los pétalos rosas de los árboles circundantes sobrevolaron el momento, y en el instante en que el muchacho abrió el portón, sus ojos se helaron en la imagen volteada de una mujer de cabellos fucsias como los de Nana, quien comía arroz atrás, en el comedor. Kouta no pudo pronunciar palabra, y quedó inmóvil, en un forzoso intento de descubrir quién hacía presencia allí. Sólo pudo pensar en una persona, pero no podía ser, no; esa damisela había muerto al entregarse a las fuerzas del SAT. Unas prominencias rotas parecían notarse entre esa melena resaltante, como dos cuernos rotos. La mujer sintió la presencia del joven, y quizás porque simplemente quería asegurarse de oírle la voz una vez más, o porque no sabía a dónde ir y en su vagancia había acabado a los pies de su hogar, ella no lo miró, y siguió caminando hacia la escalera que bajaba hacia la ciudad.
Pero a despecho de su atonía, el hombre no podía dejarla ir así, por lo que torpemente avanzó hacia ella, sin poder hablar para rogarle que no obstante esperara. Sus manos se estiraron para tomarla de los hombros, mas no pudo evitar abrazarla desesperadamente en el momento en que la alcanzó. Ella, impertérrita, se detuvo sin dar señal de gozar volver a sentirlo estrechándola de esa forma. Él respiró agitado, sin poder creer lo que estaba ocurriendo, lo que en un segundo había arribado a su vida nuevamente, y para cuando sospechó que su corazón tenía una pizca de energía para elaborar una reacción, dejó salir las palabras de su boca, en un vocablo miserable que rayaba el llanto:
- ¿N-N... N-Ny...u...?
La dama bajó la cabeza un poco, acariciando con el mentón el antebrazo de Kouta, que la sujetaba por el cuello. Una lágrima quiso escaparse de su ojo, pero respiró profundamente y luchó por evitarlo.
- Es... Estás aquí... -susurró él.
- Yo...
Sin poder soportarlo más, Kouta la obligó a girar para verla. Ambos al borde de un lloro muy sentimental, se enfrentaron, aunque Lucy apartó los ojos y sus labios temblaron. Quiso explicar algunas cosas, pero no sabía por dónde empezar o siquiera si debía hacerlo o ya irse. En su empalecido rostro se evidenciaban los largos días que había estado viviendo en las calles, sin poder comer bien, dormir, darse un baño digno. Su ropa era harapos de lo que había estado vistiendo el último día en que ellos dos se habían visto. Cicatrices enmarcaban su perfil, como rastros de las batallas previas.
- Nyu...
- Kouta...
- ¡Mírame! -le gritó, tomándola de la cara con ambas manos y dirigiéndole la mirada hacia él mismo. Ella se quebró en lágrimas, apretando los dientes en su asfixia interior. - Eres tú... ¿Tú...? P-Pen... Pensé que...
- Te juro, Kouta... -empezó, mientras sus ojos lloraron en silencio-, te juro que no he matado a nadie más desde... Desde...
Ella volvió a bajar la barbilla, y Kouta la abrazó con todas sus fuerzas, como si sintiera que soltarla sería igual a perderla para siempre. Lloró sobre su hombro herido, aferrándose a su cabellera fucsia y besando sus oídos resentidos. Ella gimoteó al chocar con la realidad de que ya no había marcha atrás para escapar de lo que estaba viviendo. Entonces rindió sus brazos para abrazarlo también, rodeando su cintura delicadamente, casi sin fuerzas.
- Siempre esperé... -él masculló- que volvieras... Siempre tuve esperanzas... de que volvería a verte... Nyu... Regresaste...
- Lo siento... Kouta, lo siento... No sabía... No sabía a dónde ir... Lo lamento... No sé--
- ¡Cállate! Nunca volveremos a separarnos, ¿entendiste? ¡No te dejaré ir de nuevo! -De su pecho afloró un llanto sin control que llamó la atención de la diclonius Nana, a la zaga con Yuka y Mayu. - He estado tratando de olvidar esa noche en que te dejé ir... ¡Pero nunca podía perdonarme por hacerlo...! ¡Jamás debí dejarte ir! ¡Nyu, Nyu...!
- Kouta...
- Te protegeré de ahora en adelante, ¡ya lo verás!
- Kouta..., no puedo...
- ¡Basta! -Volvió a mirarla, tomándola nuevamente de las mejillas, entretanto corrió sus lágrimas de princesa. - ¡Éste es tu hogar y aquí te quedas!
- ¿Ho-hogar...? Kouta...
- Te prometo que construiremos una nueva vida para ti. No tendrás que volver a sufrir.
Los pasos curiosos de Nana, junto con los ladriditos de Wanta, anunciaron que alguien iba a interrumpir el encuentro de los dos jóvenes. El sol de la tarde se reflejó en los ojos rosados de la diclonius que una vez había llamado Papá al director Kurama, y ésta se quedó boquiabierta al entender lo que estaba viendo.
- Nana... -Lucy farfulló-. No he venido a matarte.
- L-lo sé... Puedo sentir tus intenciones..., Lucy.
La mujer diclonius de cuernos rotos quiso hablar más, pero sus piernas temblaron justo antes de que ella se desplomara sobre el cuerpo de Kouta, quien la sujetó antes de que terminara en el piso. Él exclamó su nombre y la sostuvo, entonces pidiéndole ayuda a Nana, la cual buscó asistencia de Yuka y de Mayu.
Entre los cuatro, la llevaron al interior de la casa, aunque costó para las damas comprender el hecho que aún a Kouta golpeaba como cuando recordó su sangriento pasado. Lucy, Nyu, la doncella asesina fue recostada en una cama sobre la que recaía el sol anaranjado de la tarde a través de los vidrios de las ventanas. La rodearon sus cuatro amigos, sin ellos poder decir una palabra entretanto la observaban con una sorpresa incomparable. Mayu le acarició los cuernos incompletos y suspiró...
Proximamente subo el capítulo 2!!
Saludos!

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