LA OTRA DEATH NOTE: Crónica de un acercamiento a la Otra libreta negra
Sí, la encontré, decía "Death Note" en su tapa anquilosada, era casi ella, pero no, sin equivocarme di con la otra Death Note, como expresarlo bien, se parecía tanto a la que usaba Yagami. Es que la muerte es la muerte y no tiene palabras. La abrí sin querer. No, rectifico, la abrí con ansias. No, vuelvo a corregir, la abrí pensando en el Shinigami.. ¿cuál de todos me dice alguien por ahí? Que importa si los pequeños dioses de la muerte siempre han estado ahí mismo, en ese Olimpo inescrutable, tan alto y despojado de toda turbulencia humana. Buscaba en sus páginas la sangre, pero no había nada, solo un poco de terror y desasosiego. Quería imitar la obra perecedera de tan alto personaje, sin embargo no había ninguna instrucción, la libreta se deshacía en mis manos trémulas que no cesaban de adherirse a ella, tan negra, tan fuera de este mundo, pero era tan de este lado de las cosas. Entonces pensé, mirando sus páginas en blanco, no tenía siquiera un lápiz, un dedo insignificante para escribir todos los destinos. Inútil, esa era la palabra, porque esta otra Death... se me había aparecido en sueños después del capítulo nueve o diez y entonces fue tan fácil dar con ella. Ahora que la tengo puedo decir que es bellamente aterradora, no hace nada, pero nada de nada, no produce ningún efecto, de esos que todos quisiéramos, cortarle la cabeza a alguien, mientras se lee desprovisto de toda osadía, así de simple...¿la habrá creado Misa, tal vez? Quizá no venga del lado oscuro del mundo donde tantas otras existen y sirva meramente para una vitrina en algún canal de televisión decadente. A lo mejor la tenía Watari en un cajón al lado del piano para escuchar algunos nocturnos de Chopin. ¡Cómo descifrar todo esto¡ Me basta con dejar la sana inquietud y re pensar el todo de la Death Note, empapándome de toda la fuerza avasalladora que tiene el no saber donde comienzan los asesinatos, uno tras otro, con el papel sin nombres, el papel somnoliento sin ojos, tal como en Occidente, extraviados en cada hoja de la interminable otra Death Note, aquella que borra los nombres que nunca tuvimos, aquella que tacha la ausencia de improntas leves y mezquinas, la otra libreta latinoamericana que subyace en la obra de Tetsuro Araki, clamando a aullidos de dolor por todo el peso de los dioses de nuestras muertes, las que pasaron sin cesar por tantas calles deslavadas de ese olor que cala hasta el último peldaño de una libreta ya blanca, ya ufana, que se esconde en la mirada de Ryuuk, ironizando la cadencia final de nuestras vidas.
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MIZOGUCHI


















me encantó...
A su esta buena esa mae ia estoy informado jeje...
